Por: Michelle Montero, Psy. D
La autora posee un doctorado en Sicología

¿En alguna ocasión nos hemos planteado cómo la alimentación puede influir en nuestro funcionamiento y bienestar mental? Muy probablemente pocas veces hemos hecho el ejercicio de ver dicha relación. Con mayor frecuencia asociamos la alimentación a la salud física y no sería menos cierto, sin embargo, tanto la salud física como los hábitos alimenticios que promueven dicha salud pueden tener un impacto en nuestro funcionamiento y salud mental.

¿Cómo influyen?

Los alimentos, por regla general, son la principal fuente en la adquisición de nutrientes e igualmente influyen en la producción de químicos en nuestro cuerpo. Que si bien muchos de ellos los produce el cuerpo por sí mismo, otros son obtenidos mediante los alimentos. En esto radica la importancia de hacernos conscientes de cómo la alimentación puede aportar a mejorar o llevar en detrimento alguna condición tanto de salud física como mental. En esta medida, la relación puede establecerse de forma directa, puesto que la carencia o adquisición de algún nutriente define cuál será el funcionamiento del cuerpo.

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Los alimentos son la principal fuente en la adquisición de nutrientes

Investigaciones

En la actualidad, con el auge en mejoras a la calidad de vida y salud del individuo, se realizan investigaciones que intentan sustentar la relación de ciertos nutrientes y el mantenimiento o regulación de algunas condiciones de salud mental. Es tendencia encontrar que si bien no causan o erradican la condición, sí demuestran influenciar la prognosis de ésta. Entre ellas se evalúan desórdenes como la depresión, la esquizofrenia y el déficit de atención. Esto no guarda relación a los trastornos alimenticios, que conllevan otra evaluación.

Las condiciones de salud mental que surgen a partir de alguna condición médica, también se ven relacionadas indirectamente con la alimentación. Esto, si fuera el caso, donde los hábitos alimenticios repercuten de alguna forma en el desarrollo o mantenimiento de la enfermedad (por ejemplo: diabetes, hipotiroidismo, hipertensión, etc). Más allá de ello, en una medida indirecta, la forma en que valoramos los alimentos que escogemos y su preparación puede influenciar en la sensación de bienestar y satisfacción con uno mismo, como un estándar de autocuidado. De esta manera, podemos reconocer cómo desde el proceso de elegir la alimentación cultivamos el bienestar en la salud mental, ya sea desde una perspectiva que influya en la salud física o desde la formación de elementos protectores para un funcionamiento cognitivo, emocional y conductual óptimo.